La innovación colectiva surge de la premisa de que las organizaciones deben aprovechar la inteligencia colectiva para potenciar su capacidad innovadora a lo largo de todo su proceso, es decir, a través de su uso las empresas e instituciones en general deberían ser capaces no solo de generar más ideas, sino también de desarrollarlas, de priorizarlas y llegado el caso, dotarlas de recursos.
Consecuentemente, un punto de partida lógico es entender qué es la inteligencia colectiva. Un grupo de investigadores de la MIT Sloan School of Management, liderados por Thomas Malone señalan que la inteligencia colectiva surge cuando encontramos a un grupo de individuos haciendo cosas de forma colectiva de forma inteligente. Sin duda una de las aportaciones más importantes del MIT Center for Collective Intelligence, es lo que ellos han denominado “el mapa genético de la inteligencia colectiva”. Fruto de la revisión de más de 250 casos de inteligencia colectiva en todo tipo de ámbitos (desde la cultura a la economía, pasando por la política) estos autores han detectado una serie de elementos o bloques que forman la base de cualquier iniciativa de inteligencia colectiva. Es decir, quien quiera poner a trabajar a las multitudes debe, necesariamente, pensar en estos apartados y tomar las decisiones más oportunas en cada una de ellas.
El mapa genético de la inteligencia colectiva se divide en cuatro bloques agrupados en dos vectores. En uno de ellos, las preguntas clave son; ¿Quiénes van a desarrollar la tarea? ¿Por qué estarán motivados a hacerla? y en el otro vector las preguntas clave son; ¿Cuál(es) son la(s) tarea(s) que han de realizarse? ¿Cómo se van a hacer esas tareas?
Estimamos que este marco de referencia será de inestimable ayuda a la hora de encuadrar las acciones sobre innovación colectiva por lo que el lector podrá ver su huella a lo largo de la investigación que se realizará en este escenario.




